Cuando el ‘zoom’ es un problema en vez de una ventaja

EL OBJETIVO ES CLAVE EN LA ELECCIÓN DE CÁMARA

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Hace pocos días hablábamos de la importancia que tiene fijarnos en el tamaño del píxel del sensor de una cámara en lugar de los megapíxeles. Hoy analizamos la importancia del objetivo para exprimir la resolución de la cámara. Pues con frecuencia solemos gastar mucho dinero en máquinas equipadas con objetivos que son un auténtico lastre.

Entre las primeras cosas que se tienen en cuenta a la hora de comprar un objetivo o una cámara con objetivo fijo están valores como la abertura máxima de diafragma, que nos permitirá realizar fotos con poca luz y mayor flexibilidad a la hora de hacer desenfoques selectivos. Pero también la variedad de distancias focales que abarca, lo que popularmente se conoce como zoom. Un valor del que alardean muchas marcas a la hora de vendernos la moto.

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De hecho, las cámaras que cuentan con un zoom de más de 20 aumentos siguen vendiéndose bien a pesar de la crisis que vive el sector por la competencia de los móviles. Eso explica la competición entre los fabricantes por equipar a muchos de sus modelos con objetivos que más bien parecen pequeños telescopios. El récord de momento lo tiene la Nikon P600, que equipa un zoom de 60 aumentos. Su rango de distancias focales va de los 24mm a los 1440mm. Aunque se rumorea que su sucesora logrará alcanzar los 2000mm. Suficiente para fotografiar con cierto detalle los cráteres de la Luna.

El problema de los objetivos que abarcan distancias focales tan amplias es que su construcción es muy compleja, por lo que la definición de la imagen se suele ver afectada. Si estos no están destinados a un uso profesional veremos que son frecuentes en ellos las aberraciones ópticas, que provocan la distorsión de las líneas rectas, y las cromáticas, que generalmente crean sombras de color. Además, un objetivo con un zoom de largo alcance dificulta usar amplias aberturas de diafragma.

Por eso, si hacemos fotos con la Nikon P600 a 1440mm la abertura más luminosa que podemos emplear es de f/6.5. Vamos, que más nos vale que hagamos la foto un día soleado, porque el diminuto sensor de imagen de 16 megapíxeles de esa cámara seguramente nos jugará muy malas pasadas si debido a la falta de luz disparamos a más de 400 ISO.

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Pero no todas las cámaras de zoom largo tienen esas limitaciones. Es el caso de la Sony RX10. Esta cámara equipa un sensor de 20 megapíxeles con un tamaño generoso, una pulgada, y un objetivo Zeiss que alcanza los 200mm con una abertura constante de f/2.8 en todas las distancias focales. Una fórmula mucho más equilibrada que la que emplea la cámara de Nikon. Aunque su precio es muy superior, pues la Sony ronda los 1.000 euros frente a los poco más de 400 euros que cuesta la citada Nikon.

A caballo entre una y otra está la Panasonic Lumix DMC-FZ200, que tiene un sensor de 12 megapíxeles del mismo tamaño que la Nikon, 1/2.3 pulgadas. Pero como la Sony también equipa un objetivo de calidad, en este caso firmado por Leica, que alcanza los 600mm y la misma abertura de diafragma en todas sus distancias focales: f/2.8.

No es fácil elegir un buen objetivo

Si contamos con una cámara de ópticas intercambiables y no tenemos un gran presupuesto la mejor idea es usar objetivos de focal fija, como los que equipan la mayoría de los móviles. Estos suelen proporcionar más calidad de imagen que los que abarcan diferentes distancias focales. Además, por lo general son más luminosos. Ambas cosas vienen motivadas porque la construcción de los objetivos de focal fija es más sencilla que los de distancias focales múltiples.

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Conocer la calidad óptica de un objetivo sobre el papel no es fácil. Uno de los datos a tener en cuenta es que la definición generalmente viene determinada por el mayor número de elementos que componen la óptica y el número de agrupaciones de estos elementosConocer la calidad óptica de un objetivo sobre el papel no es fácil. Uno de los datos a tener en cuenta es que la definición generalmente viene determinada por el mayor número de elementos que componen la óptica y el número de agrupaciones de estos elementos. Por ejemplo, el Nikkor 35mm f/1.8G, un objetivo con una buena relación entre calidad y precio para cámaras APS-C de Nikon, cuenta con 8 elementos organizados en 6 grupos. Mientras que el nuevo Sigma 35mm F1.4 DG HSM Art, un objetivo más avanzado, cuenta con 13 elementos agrupados en 11 grupos. Pero realmente para conocer la definición que es capaz de alcanzar un objetivo hay que saber interpretar los denominados gráficos MTF que cada fabricante proporciona. Algo que resulta verdaderamente complejo, incluso para los fotógrafos experimentados. Para los que quieran aprender a leerlos recomendamos la guía que en su día publicó Valentín Sama, uno de los mayores expertos en óptica fotográfica de España.  Otra buena opción es consultar las pruebas que realiza periódicamente la empresa DxOMark sobre el rendimiento de objetivos en varias cámaras.

Este laboratorio para calcular la nitidez usa un valor que mide lo que ellos denominan megapíxeles perceptuales, que no es ni más ni menos que la capacidad de exprimir el potencial del sensor de imagen que tiene un objetivo concreto. Actualmente la combinación entre el objetivo Zeiss Distagon T * 1.4/55 Otus Z f.2 montando en la Nikon D800 encabeza la clasificación de DxO Mark. Pues el Zeiss es capaz de captar fielmente fotos con una resolución de 29 megapíxeles, 7 megapíxeles menos de los que es capaz de lograr el sensor de la cámara. Si comprobamos el rendimiento de ese objetivo con la veterana Nikon D3 vemos que logra alcanzar una definición de 12 megapíxeles de los 12.9 megapíxeles del sensor de la cámara.

Dos pruebas para medir la calidad de un objetivo

La mejor forma de saber si un objetivo cumple con lo que esperamos de él es ver con nuestros propios ojos de lo que es capaz. Incluso no es descabellado si estamos pensando en comprar un modelo que suponga una inversión importante alquilarlo durante unos días en alguna de las numerosas tiendas de internet que ofrecen este servicio. Aquí proponemos dos pruebas para salir de dudas.

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En ambas es importante disparar en RAW para que el procesador de imagen de la cámara no corrija al generar una foto en Jpeg los problemas inherentes a la óptica. También es clave realizar las fotos de prueba con luz suficiente para ajustar la sensibilidad ISO mínima de la cámara.

La mejor forma de saber si un objetivo cumple con lo que esperamos de él es ver con nuestros propios ojos de lo que es capazLa primera prueba nos permite saber la distorsión óptica y cromática del objetivo. Para ello deberíamos hacer varias fotos a un motivo en el que aparezcan varias líneas rectas y con una gama cromática amplia. Disparando con varias aberturas de diafragma y diferentes distancias focales podremos ver si estas líneas aparecen excesivamente curvadas o si detectamos sombras de color al ver a tamaño real la imagen. Si nos fijamos en los extremos de la foto también podremos observar hasta que punto estos se ven nítidos respecto al centro.

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Para realizar la segunda prueba lo ideal es disparar hacia un cielo luminoso despejado o una superficie neutra bien iluminada. Disparando también con las diferentes distancias focales y valores de abertura del objetivo lograremos ver el oscurecimiento que se produce en los bordes de la imagen, que es lo que comúnmente se conoce como viñeteado.

Si a pesar de realizar estas pruebas seguimos teniendo dudas una buena forma de solventarlas es usar Camera Raw de Photoshop o Lightroom. Con estos programas podemos aplicar una corrección de lente automática. No es buena señal si detectamos que el resultado varía mucho entre la imagen original y la imagen corregida.

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Fuente que utilizo:  http://www.elconfidencial.com

El día que a Capa le salieron los colores

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LA CARA INÉDITA DE UN FOTOPERIODISTA

Robert Capa (Hungría, 1913–Vietnam, 1954) es al fotoperiodismo lo que Ryszard Kapuściński al reporterismo. Su nombre se ha convertido en sinónimo de corresponsal de guerra. Tanto el húngaro como el bielorruso han sido idolatrados, pero también se han visto rodeados por la polémica.

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Kapuściński, según sus críticos, “intensificaba” (se inventaba) parte de la realidad para mostrarla más desgarradora; Capa habría mentido en la descripción de su famosísima foto El Soldado que cae: miliciano republicano en el momento de su muerte en Cerro Muriano, el 5 de septiembre de 1936. Ni la imagen se tomó en Cerro Muriano ni el soldado fue herido de muerte, según diversas investigaciones recientes.

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El Centro Internacional de Fotografía (IPC) de Nueva York arroja ahora luz sobre otro de los mitos del maestro de la fotografía: Capa no sólo disparaba en blanco y negro, ni exclusivamente sobre motivos bélicos. Pasó buena parte de su carrera retratando (a color) a modelos y artistas entregados a la buena vida en Roma, París o Niza.

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Se trata de la “primera retrospectiva de las fotografías en color del que es probablemente el fotógrafo más famoso del mundo”, según explica a El Confidencial Cynthia Young, comisaria de la exposición que se inaugura el próximo 31 de enero.

Son un centenar de fotos, más las revistas y periódicos donde fueron publicadas, además de sus escritos personales. Todo sacado íntegramente del archivo sobre Robert Capa del ICP, que incluye 4.200 trasparencias en color. “Un trabajo que sorprenderá, por inédito en su mayoría, al gran público”.

La agencia Magnum, cofundada por Capa, ha lanzado además junto al IPC una página web llamada Acércate (Get Closer) en honor a aquella famosa frase de Capa: “Si tu foto no es lo suficientemente buena es que no te has acercado bastante”. Allí se muestra cada día una foto del genio junto a trabajos de los principales fotoperiodistas actuales.

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Capa se hizo famoso en EEUU sobre todo por la foto de un soldado en pleno desembarco de Normandía, titulada Tropas estadounidenses entrando en Omaha Beach, Normandía, Francia, 6 de junio de 1944. A pesar de estar totalmente desenfocada, fue publicada junto a otras nueve imágenes en la revista Life. “Su difusión contribuyó a incrementar el apoyo de los estadounidense a la guerra”, según el IPC.  El fotógrafo se convertiría, con sus retratos en blanco y negro de la segunda Gran Guerra, en todo un símbolo. Pero ¿qué hizo cuando terminó la contienda?

“El mayor fotógrafo bélico tuvo que reinventarse. Tras las guerras que cubrió en blanco y negro entre 1935 y 1945, llegó un tiempo de relativa paz”, explica Young. Dentro de esa reinvención estaban las fotografías en color que demandaban las grandes revistas de la época. Capa había aprendido a usar la técnica del color mucho antes. En 1938, durante la guerra chino-japonesa, pidió a un amigo que le mandara 12 rollos de Kodachrome y le explicara cómo usarlos. De aquel viaje sólo sobrevivieron cuatro fotos, que publicó la revista Life.

Rescató la técnica en 1941, y de hecho  se pasó gran parte de la II Guerra Mundial con dos cámaras a cuestas. Pero su producción era mucho menor que en blanco y negro, entre otras cosas porque “los negativos de Kodachrome tenían que ser procesados en una planta de Kodak, y perdía mucho tiempo en enviarlos y recibirlos de nuevo, mientras que los carretes de blanco y negro podía procesarlos en su propio cuarto de baño“, explica la comisaria de la exposición. Esto suponía un problema no tanto por el coste y los días de retraso, sino porque dificultaba aún más el proceso de la censura militar.

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En 1947, Robert Capa funda Magnum, junto Henri Cartier-Bresson, Chim (David Seymour), William Vandivert y George Rodger. La agencia necesitaba ingresos y Capa intensificó su producción en color, más cara pero también mejor pagada. Ese mismo año viaja Moscú para retratar la Rusia soviética. Imágenes del pueblo visitando la tumba de Lenin o similares, pero poca “acción”.

Revistas como IllustratedCollier’s, Holiday o Ladies’ Home Journal publicaban gran parte de sus historias: carreras de caballos en Francia, sesiones de modelos en Roma o rodajes de películas en Ravello. Reporterismo de viajes y cultural.  En 1948 retrató a Pablo Picasso jugando en el agua con su hijo Claude, en Vallauris, Francia. Esta instantánea será expuesta por primera vez en la exhibición del IPC, junto con otras hechas a Ingrid Bergman, John Huston, Ernest Hemingway y John Steinbeck.

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Capa no expresó ningún rechazo por la fotografía a color, como sí hicieron algunos de sus más elitistas compañeros de profesión. “¿Fotografía en color? Es imposible de digerir, la negación de todos los valores tridimensionales de la fotografía“, llegó a decir Henri Cartier-Bresson.

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En ningún momento abandonó el reporterismo de guerra, en el que se había especializado. Fue dos veces a Oriente Próximo para cubrir la guerra entre árabes y judíos tras la proclamación del estado de Israel de 1948. Trataba de combinar la fotografía cultural con la de los conflictos bélicos. Y así fue hasta el año de su muerte. En 1954 viajó a Tívoli, Italia, para fotografiar a Ava Gardner durante el rodaje de La condesa descalza. Unos meses después saltaría a Indochina (zona que actualmente abarca Camboya, Vietnam, Laos, Birmania y Tailandia), donde desarrollaría una prolija producción a color. Allí falleció tras pisar una mina. Sólo unos meses después de inmortalizar a Ava Gardner en la placidez de la campiña italiana.

FUENTE QUE UTILIZO:   http://www.elconfidencial.com